Temor a heladas

Algunos cultivos de durazno tuvieron problemas para brotar en Carolina del Sur debido a la falta de frio este invierno, incluyendo estos árboles vistos en el Centro de Investigación Frutal de la Universidad de Clemson en abril. Variedades con requerimientos de frio más bajos florecieron pronto y bien, pero fueron después golpeadas por una fuerte helada. (Cortesía del Programa de Cruzamientos de Durazno de Clemson)
Algunos cultivos de durazno tuvieron problemas para brotar en Carolina del Sur debido a la falta de frio este invierno, incluyendo estos árboles vistos en el Centro de Investigación Frutal de la Universidad de Clemson en abril. Variedades con requerimientos de frio más bajos florecieron pronto y bien, pero fueron después golpeadas por una fuerte helada. (Cortesía del Programa de Cruzamientos de Durazno de Clemson)

Después de un cálido invierno, los agricultores de durazno en el sureste del país perdieron la mayor parte de sus cultivos debido a una helada primaveral — ahora, encontrar formas de adaptarse es un tema crucial.

por Kate Prengaman

Los cambios del tiempo repentinos de un cálido invierno seguido de una dura primavera de heladas (golpe uno-dos), golpeó fuertemente a los agricultores del sureste de los Estados Unidos. Agricultores en Georgia y Carolina del Sur esperan cosechar cerca de una cuarta parte de la producción  habitual. Esto es un duro golpe para el segundo y tercer estado con la mayor producción de durazno en el país, los cuales, unidos representan un valor de $100 millones de dólares y cerca del 12 por ciento de la cosecha de durazno en los Estados Unidos.

“Solo las variedades con bajos requerimientos de frio alcanzaron suficientes horas de frio. Brotaron con tres semanas de adelanto y después sufrieron una terrible helada, que acabó con toda la fruta,” dijo Greg Reighard, horticultor de la Universidad de Clemson.

El mal tiempo, no es desde luego un nuevo problema para los agricultores, pero se espera que este problema se haya agravado por el cambio climático: a medida que los inviernos tienden a ser más cálidos, los agricultores responden plantando variedades con bajos requerimientos de frio y estas terminan con una floración más temprana y un mayor riesgo de daños por heladas. Esta temporada nos demuestra lo que está en juego si la industria no se adapta.

“De los últimos seis años, cuatro han sido cortos; este año fue excesivamente corto,” dijo Reighard. “Si esto continua de esta manera, tendremos que cambiar a variedades con medios o bajos requerimientos de frio. Si cambiamos, tendremos más problemas con las heladas.”

Afortunadamente, la investigación avanza a buen ritmo en ayudar a los agricultores a encontrar vías a esta situación contradictoria “catch-22.” A largo plazo, Reighard es optimista en que los productores serán capaces de combinar variedades con bajos requerimientos de frio y floración tardía para maximizar la resistencia.

Mientras tanto, los agricultores pueden considerar prácticas culturales; como son la poda o el uso de químicos para romper el estado de reposo invernal o dormancia, aumentar al máximo la floración en arboles con insuficiente acumulación de frio o por otra parte llevar a cabo inversiones a largo plazo en protección contra heladas como son las máquinas de viento.

Y la parte positiva en un año como este, es que es una buena oportunidad para que investigadores evalúen estrategias que ayudarán a los agricultores en el futuro, dijo Darío Chávez, profesor de horticultura en la Universidad de Georgia.

Curva de requerimiento de frio

En el centro de Georgia, donde se encuentra la mayor parte de la superficie en producción de durazno, en un invierno promedio se acumulan entre 800 y 1000 horas de frio, y los agricultores han plantado un número de variedades aptas y con requerimientos que oscilaban entre 500 y 850 horas de frio, dijo Chávez. Pero este invierno, los arboles llegaron solo a las 420 horas de frio. Esto no significa que todos los arboles permanecieron durmientes. El número de horas de frio reportado para cada cultivo es un promedio y siempre que un árbol consiga en torno al 50 por ciento de esas horas de frio, es probable que aparezcan algunas flores, en un proceso que se extiende durante varias semanas. Y desde que los brotes situados en madera nueva tienden a necesitar menos frio, una poda estratégica puede ayudar a los agricultores a conseguir el mayor número de estos brotes.

“Si piensas que el árbol es como una población de brotes, entonces hay una distribución uniforme en el requerimiento de frio en el árbol. Si conoces como se sitúan estos brotes , entonces puedes cambiar tu poda y dejar los extremos de algunas ramas o madera corta y delgada que podrías podar en un año normal,” afirmó Chávez.

Calcular las horas de frio es también clave en el uso de compuestos para romper el estado de dormancia como es Dormex (hidrogeno cianamida) que estimula que más brotes entren en acción. Es muy empleado en huertos de durazno en Florida, donde la falta de frio es un problema común. Pero, el químico solo funciona para compensar unos pocos cientos de horas de frio, dijo Chávez.

“Lo que hemos encontrado es que Dormex funciona mejor cuando la escasez de frio es menor. Con 400, el efecto desaparece. Esto es lo que el producto químico puede hacer, fisiológicamente hablando,” señaló.

Y no hay químicos que puedan ayudar a otro de los problemas que los agricultores afrontan — una helada el 15 y 16 de marzo cuando la mayoría de las variedades tempranas que habían acumulado suficiente frio entraron en la etapa de floración.

¿Mejora genética para una floración más tardía?

Los agricultores de melocotones han confiado durante décadas en el requerimiento de horas de frio para tomar decisiones acerca de establecer una plantación, pero los productores están ahora empezando a prestar atención al menos entendiendo el requerimiento de horas de calor, que determina como de cálido debe ser el clima en primavera para convencer al árbol que es seguro de florecer. Un pequeño requerimiento de horas de calor significa una floración más temprana, y esto se encuentra normalmente en cultivos creados para climas cálidos, donde es más complicado alcanzar las horas de frio y las heladas de primavera no tienen demasiado riesgo.

Idealmente, a los productores les gustaría combinar un cultivo con moderados requerimientos de frio — algo adaptado a inviernos como el anterior — con un requerimiento de calor más amplio que retrase la floración hasta que la mayor parte del riesgo a heladas haya pasado. El programa de cultivo genético de Clemson ha asumido esta tarea, dijo el cultivador Ksenija Gasic.

“Hasta ahora, el pensamiento era que la exigencia de frio era la única razón por la que deberíamos estar preocupados, y a más altos requerimientos de frio, más tarde la floración. Ahora, con estos últimos años y viendo como el clima está cambiando, sabemos que no es suficiente; también necesitamos jugar con el requerimiento de calor,” subrayó. “Una floración más tardía, para evitar una temprana helada en primavera, se encuentra ahora en la mira de todos los programas viveros.”

Pero es más fácil decirlo que hacerlo, incluso con los avances en análisis genético que proporcionan las nuevas herramientas como el uso de marcadores de ADN para evaluar rasgos característicos. Esto es, porque hay demasiados genes diferentes involucrados en como lo arboles frutales se han adaptado a sobrevivir en invierno y a florecer de forma segura en primavera, señaló Gasic. Entender o (saber) como todos ellos funcionan entre sí para crear lo que consideramos requerimiento de frio o calor es complicado.

“Los árboles son inteligentes. Desarrollaron mecanismos para protegerse, de manera que si tienes uno o dos días de mucho calor, esto no les va engañar para que empiecen a florecer,” dijo Gasic.

Para medir como los arboles responden a la temperatura, requiere de un trabajo minucioso: cortar ramas de cada árbol todos los días y colocarlas en un invernadero, de manera que los investigadores puedan esperar a ver la plena floración, lo cual indica que han conseguido suficientes horas de frio. A continuación, el requerimiento de calor se debe evaluar de forma separada, después de controlar el frio en un congelador. Para complicar más las cosas, los diferentes arboles parecen tener una temperatura inicial diferente para lo que se contabiliza como hora de calor, dijo Gasic. Esto conlleva tener que llevar a cabo múltiples experimentos para encontrar esa “temperatura base.”

Pero ella necesita esta información de cómo se comporta cada árbol — conocido como información fenotípica — para hacer coincidir esto con la información genética y descubrir que genes controlan los requerimientos de frio y de calor. Una vez haya hecho coincidir suficientes árboles para ver que patrones han surgido, ellos podrán crear pruebas predictivas de ADN. Ese es el mismo proceso que Gasic y otros productores que colaboran con el proyecto de fondo RosBREED2 del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) que están usando para mejorar la resistencia a enfermedades en cultivo de rosáceas.

El trabajo está bien encaminado para los genes que controlan la exigencia de frio, y científicos de Clemson están buscando una subvención por parte de USDA para financiar la investigación en requerimientos de calor, de manera que en última instancia puedan realizar cultivos genéticos en búsqueda de un retraso en el inicio del brote y una mayor protección contra heladas.

“Quiero un marcador que me diga el requerimiento de calor, de manera que podamos obtener un árbol que necesite entre 600 y 700 horas frio y que tenga una alta exigencia de calor o una alta temperatura base para empezar a contabilizar, lo cual le empujaría a florecer tarde,” señaló Gasic.

Manejo

Mientras tanto, agricultores del sureste podrían adoptar técnicas de protección contra heladas comunes en otras zonas, como son máquinas de viento o riego por aspersión, junto con el cambio a cultivos que requieran menos horas de frio, dijo Chávez. Ahora mismo, él conoce un importante agricultor que usa máquinas de viento, mientras que otros confían en métodos pasivos de protección contra el frio, como es la plantación de variedades de riesgo en lugares donde raras veces hiela.

Proteger miles de acres de melocotoneros tendría unos costos prohibitivos, pero para variedades tempranas que proporcionan precios altos, puede que valga la pena. Reighard atribuye a las máquinas de viento, y a su localización a lo largo del lago, la razón por la que ha tenido más fruta este año en el huerto de investigación de Clemson que la mayoría de los agricultores de Carolina del Sur. Esto está haciendo crecer el interés en máquinas de viento, según proveedores, quienes dicen que han recibido muchas peticiones este año.

Esto es por lo que Chávez y sus compañeros de trabajo, están trabajando y desarrollando modelos con valores o (medidas para daños por helada, de manera que puedan decir a los agricultores cuando y donde las máquinas de viento podrían ser instaladas para proteger el cultivo.

“Aquí, agricultores e investigadores no estamos utilizando esas herramientas. Necesitamos aprender cómo estas pueden trabajar para nosotros,” dijo.

Él también recogió información este año para construir una herramienta de ayuda a la toma de decisiones, que sirva para orientar en el uso de compuestos para romper el estado de dormancia, los cuales pueden dañar los brotes florales que se estén desarrollando normalmente y que si se aplican demasiado tarde o son empleados para salvar arboles con una tan importante carencia de frio, apenas brotaran por sí mismos.

“Con suerte, el problema del requerimiento o exigencia en frio no volverá a aparecer en los próximos años, pero creo que será un asunto que va surgir más a menudo en el futuro,” afirmó. “Tenemos que empezar a movernos a una mentalidad diferente a medida que estamos empezando a tener problemas con inviernos más cálidos.”

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