La posición importa al cosechar peras

Estas peras d’Anjou “externas” (bandeja superior) e “internas” (bandeja inferior) se mantuvieron a temperatura ambiente durante tres semanas después de la cosecha en septiembre de 2014. Las peras “externas” enrojecieron con más amarillamiento y estaban más maduras en comparación con las peras “internas”, que estaban más verdes y con una menor maduración. (Fotos cortesía de Sara Serra)

Estudios demuestran que la posición de la pera en el árbol juega un papel importante en la maduración y el almacenamiento de las peras.

La falta de portainjertos enanizantes verdaderos implica que muchos huertos de perales del noroeste del Pacífico permanezcan plantados con un marco de plantación de baja densidad, habitualmente con árboles en forma de vaso abierto y doseles voluminosos. La mayoría de los huertos nuevos no están plantados en alta densidad como en Europa y otras áreas de árboles frutales en el mundo.

Los regímenes de rociado en estos huertos son mucho menos efectivos que si los doseles fueran más pequeños y estrechos, y la mecanización de la cosecha y clasificación de la fruta no es tan factible. La luz, también, golpea los árboles de diferente manera dependiendo de la posición en el dosel, lo que causa variación de la calidad de la fruta dentro del mismo árbol.

La variabilidad de la fruta de pera dentro de un dosel de gran tamaño ha sido objeto de varios proyectos del Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y de la Universidad Estatal de Washington en un esfuerzo por ayudar a los productores a tratar de mejorar la producción y calidad de pera para el mercado.

“La cuestión es que la calidad de la fruta se desarrolla en su totalidad en el campo: la poda, el raleo, el sistema de formación son, en conjunto, factores que repercuten en la fruta. Tenemos que pensar en el cuadro completo”, dijo Sara Serra, profesora asistente en el Centro de Investigación y Extensión de Árboles Frutales de la WSU. En marzo, Serra les dijo a los productores en el Centro de Estudios de Fruta de WSU que los investigadores que trabajaban en el proyecto observaron peras procedentes de árboles con un dosel de gran tamaño, todas ellas siendo recogidas en el mismo cajón.

“Nos preguntamos si esas peras tienen la misma madurez, la misma capacidad de almacenamiento, la misma calidad”.

Estas peras d’Anjou “externas”, cosechadas en septiembre de 2014 en un huerto con los árboles en forma de vaso abierto en Cashmere, Washington, crecieron en las zonas exteriores del dosel donde recibieron abundante luz solar: al menos un 70 por ciento de interceptación de luz. (Fotos cortesía de Sara Serra)

Los investigadores se centraron en las peras verdes d’Anjou para el estudio, dado que el 98 por ciento de la producción de d’Anjou en los Estados Unidos se encuentra en el noroeste del Pacífico. Comenzaron recogiendo peras de acuerdo con su posición en el dosel (internas y sombreadas versus externas y más expuestas al sol) y las almacenaron a temperatura ambiente durante 24 días. Inmediatamente notaron las diferencias en el color y la degradación de la clorofila, donde la fruta interna estaba muy verde y cambiaba muy lentamente en comparación con las peras externas.

Eso los llevó inmediatamente a preguntarse acerca de los cambios bioquímicos dentro de la fruta en función de la posición en el dosel. Gracias al análisis metabolómico llevado a cabo dentro de este proyecto por David Rudell del USDA, descubrieron que muchos de los compuestos químicos que podían detectar y que estaban relacionados con la luz (metabolitos del fotosistema) se encontraban en niveles más altos en la fruta interna; los niveles de clorofila eran altos en esas peras, y estaban menos maduras.

Por el contrario, los metabolitos volátiles “maduros”, que contribuyen al aroma, se encontraron en niveles más altos en la fruta externa (piel y corteza). “Eso significa que la maduración de la pera d’Anjou está realmente influenciada por su posición en la que se encuentra en el árbol”, dijo Serra.

En otro estudio, los investigadores construyeron mapas de luz que miden cuánta luz (y qué tipo de luz) se intercepta en las diferentes posiciones dentro del árbol. Al menos 70 por ciento de interceptación de luz fue el umbral para distinguir la fruta externa de la interna, que tenía menos del 30 por ciento de luz golpeando la fruta. La fruta en el dosel inferior también se desarrolló con tamaños más pequeños que la fruta externa, y la producción se vio limitada en las áreas sombreadas internas del árbol.

“Realmente hay diferencias en el espectro de luz en función de la posición en el árbol”, afirmó. “A la sombra, estamos perdiendo potencia de la luz directa (principalmente luz difusa). Esto afecta el desarrollo de la fruta. Es una diferencia considerable y una gran variación en el desarrollo de la fruta”.

Estas peras d’Anjou “internas” crecieron en la parte interior del dosel donde tuvieron mucha más sombra, al recibir solo un 30 por ciento o menos de interceptación de luz.(Fotos cortesía de Sara Serra)

Dando un paso más

¿Entonces qué papel juega el almacenamiento? En un estudio final en Cashmere, Washington, se utilizó la fruta de una plantación de vaso abierto, con varios ejes y baja densidad de d’Anjou de la década de 1970. La fruta localizada en el exterior del árbol y que recibió al menos el 70 por ciento de la interceptación de la luz se separó de la fruta interna alcanzada por 30 por ciento o menos de la luz disponible. Luego, los investigadores dividieron la fruta en cuatro grupos posteriores a la cosecha para la evaluación: cosecha, tres meses en atmósfera controlada (AC), seis meses en AC y ocho meses en AC, y cada uno de esos periodos de almacenamiento seguidos de un período de maduración de siete días. Cada vez que sacaban fruta del almacenamiento en atmósfera controlada, realizaban un análisis de la calidad de la fruta y una evaluación metabolómica de los cambios bioquímicos.

En general, encontraron que la fruta externa en la cosecha era más grande con un color de fondo más amarillo y con niveles más altos de sólidos solubles. La fruta interna estaba menos madura y más verde sin enrojecimiento. Las diferencias fueron uniformes en todas las frutas que sacaron del almacenamiento; después de ocho meses y siete días de maduración, la fruta interna aún estaba menos madura que la fruta externa.

En términos de firmeza, no hubo diferencias significativas entre la fruta interna y externa hasta los ocho meses, cuando la fruta interna fue más firme. Con un período de maduración de siete días, la fruta interna fue más firme tanto a los tres como a los ocho meses.

La diferencia es uniforme y significativa, dijo Serra. Toda la fruta externa mostró un contenido en materia seca superior en comparación con la fruta interna, ya sea medida inmediatamente después de sacar la fruta del almacenamiento en frío o después de un período de maduración de siete días.

La materia seca se acumula en el campo y está influenciada por la disponibilidad de luz, que no es un problema en las regiones de crecimiento del noroeste del Pacífico.

Sin embargo, si los productores pueden optimizar la interceptación de luz, pasar de una plantación de baja densidad a otra de mayor densidad y reducir el dosel de los árboles de una manera un poco más organizada, pueden beneficiarse con mayores niveles de materia seca en la fruta preferida por los consumidores. afirmó.

¿Qué significa todo esto?

Esta serie de estudios mostró que la maduración de la cosecha varía según la posición de la fruta en el árbol; el tamaño y la calidad de la fruta variaron para la fruta interna y externa después de tres, seis y ocho meses de almacenamiento en atmósfera controlada, y la fruta externa estaba más madura en todas las ocasiones. El análisis químico de la piel también indica que la posición en el árbol tiene un gran impacto en la capacidad de almacenamiento y la calidad.

La recomendación resultante: es molesto, pero los productores deberían evitar el recoger toda la fruta junta, dijo Serra.

“Mantenga la fruta separada. Comience en el campo con frutas externas en el mismo cajón, porque pueden almacenarse con un régimen diferente”, señaló.

Además, Serra y sus compañeros observaron que la fruta externa comenzó a desarrollar escaldadura superficial después de seis meses de almacenamiento, mientras que la fruta interna no lo hizo.

Finalmente, “los nuevos protocolos de recolección, las estrategias de clasificación durante la cosecha y los nuevos huertos de mayor densidad, utilizando el sistema de dos ejes para controlar el vigor, deben considerarse en el futuro con vistas a reducir las pérdidas y el reenvasado y lograr un producto de calidad uniforme para nuestros consumidores, y así regresen para comprar peras nuevamente”, señaló.

Sobre el Autor

Shannon Dininny

Shannon Dininny is the managing editor of Good Fruit Grower. She writes articles for the print magazine and website and plans and prepares editorial content. -- Follow the author: Office (509) 853-3522 Cell: (509) 834-5321 -- email

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