Los dispensadores de desinfectante de manos adicionales, como este en la sala de control de asistencia de Matson Fruit, fueron uno de los muchos gastos adicionales relacionados con el coronavirus que asumió esta compañía. La pandemia está afectando económicamente a la industria frutícola, ya que las empacadoras gastan decenas de miles de dólares para mejorar la higiene y mantener el distanciamiento social, los productores han reservado espacio de vivienda adicional y los trabajadores agrícolas se enfrentan a menos horas de trabajo. (Ross Courtney/Good Fruit Grower)
Los dispensadores de desinfectante de manos adicionales, como este en la sala de control de asistencia de Matson Fruit, fueron uno de los muchos gastos adicionales relacionados con el coronavirus que asumió esta compañía. La pandemia está afectando económicamente a la industria frutícola, ya que las empacadoras gastan decenas de miles de dólares para mejorar la higiene y mantener el distanciamiento social, los productores han reservado espacio de vivienda adicional y los trabajadores agrícolas se enfrentan a menos horas de trabajo. (Ross Courtney/Good Fruit Grower)

La dramática crisis mundial causada por el coronavirus aún no ha mostrado signos de disminuir y, al acercarse el año, el costo financiero incurrido por la industria frutícola puede calcularse de innumerables maneras: modificaciones en las instalaciones de empaque, reducción de las horas de los trabajadores, viviendas de aislamiento sin llenar y pérdidas en el mercado. 

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos calcula que el impacto para los productores de manzanas de este país es de 174 millones de dólares en ventas perdidas y otros 6 millones de dólares para los productores de peras, pero los expertos están de acuerdo en que es imposible juntar todos los costos de la pandemia en una sola cifra. Según las anécdotas, les fue muy mal en algunos lugares, aunque no siempre tan mal como se temía. Para otros, fue más un reto logístico que financiero.

Esos desafíos no disminuyen en modo alguno el sufrimiento en cuanto a lo sanitario y económico que se experimentó en todo el mundo en el 2020. A mediados de diciembre, el coronavirus había matado a más de 1.6 millones de personas en todo el mundo —casi el 20 por ciento de ellas en los Estados Unidos— entre ellas trabajadores agrícolas. 

Los productores de fruta, parte de una industria considerada “esencial” por el gobierno federal, se vieron forzados a hacer cambios en materia de seguridad y salud, aunque fuesen costosos.

Sin embargo, esos costos financieros siguen siendo importantes para una industria que se esfuerza por producir alimentos y proteger a los trabajadores, afirmó Mark Powers, presidente del Consejo de Horticultura del Noroeste (NHC) de Yakima, Washington. Las organizaciones de árboles frutales necesitan cifras exactas para presionar al gobierno con el fin de obtener ayuda e impulsar políticas, y para responder a las preguntas del público. 

“Tener confianza en lo que dices es muy importante cuando se habla en nombre de la industria”, declaró Powers.

Separar al coronavirus de otros factores económicos es difícil, aseguró Powers. Cada año tiene sus desafíos, y el año 2020 estuvo plagado por heladas, incendios forestales, humo, tormentas de viento y heladas tempranas en el noroeste del país. Mientras tanto, la industria frutícola sigue ajustándose a los cambios del comercio internacional que han transcurrido en los últimos años.

Sin embargo, los funcionarios brindaron algunas cifras específicas basadas en encuestas, incluidos ejemplos anónimos. 

En las encuestas, los productores estimaron que los costos de producción aumentaron entre un 2 y un 10 por ciento debido al virus. Las empacadoras ponen el aumento entre un 2 y un 6 por ciento. Una empacadora informó en las encuestas que gastó 125,000 dólares en cambios relacionados con el coronavirus. Otra invirtió 13,700 dólares tan solo en mejoras en el sistema de ventilación.

No todo el mundo sufrió grandes pérdidas.

“Personalmente no conozco a nadie en el valle que haya tenido que gastar más de lo que ya lo estaban haciendo”, señaló Lesa Bland, residente de Cashmere, Washington y contadora de unos 30 pequeños huertos familiares. 

Por otro lado, las empacadoras gastaron decenas de miles de dólares en renovar las líneas para crear barreras y permitir el distanciamiento social. Jordan Matson de Matson Fruit en Selah, Washington, al final dejó de llevar las cuentas porque los gastos no eran opcionales. “No importa cuánto nos va a costar porque es algo que tiene que hacer”, subrayó.

Desde la oficina de la huerta de su familia en Cashmere, Washington, Lesa Bland gestiona la contabilidad de unos 30 pequeños agricultores en el norte central de Washington. Aparte del tiempo dedicado a la administración, indicó que la pandemia por el coronavirus ha tenido poco impacto financiero directo en sus clientes. (TJ Mullinax/Good Fruit Grower)
Desde la oficina de la huerta de su familia en Cashmere, Washington, Lesa Bland gestiona la contabilidad de unos 30 pequeños agricultores en el norte central de Washington. Aparte del tiempo dedicado a la administración, indicó que la pandemia por el coronavirus ha tenido poco impacto financiero directo en sus clientes. (TJ Mullinax/Good Fruit Grower)

Para los productores, el tiempo es dinero

El tiempo invertido fue una de las mayores quejas. Los gerentes dedicaron entre un 15 y un 50 por ciento de su tiempo a temas relacionados con la COVID‑19, según las encuestas del NHC.

Eso es lo que Bland, la contadora de Cashmere, también observó.

“El gasto estuvo en la administración”, afirmó.

Pasó mucho tiempo ayudando a sus clientes a solicitar ayuda federal, mientras que un productor indicó que su esposa trabajaba en la huerta más que nunca solo para asegurarse de que la empresa siguiese todos los protocolos correctos. 

Aparte de eso, los costos de la pandemia a menudo eran reembolsados por el gobierno federal y estatal, señaló Bland. “El pequeño agricultor no podría haberlo hecho sin la ayuda de los gobiernos”, aseguró.

Los pocos clientes que contratan a trabajadores con visa de tipo H-2A no reportaron ningún aumento drástico en los costos de vivienda debido a los límites sobre las literas, indicó. El Programa de Asistencia Alimentaria ante el Coronavirus del gobierno federal y las compras de este ayudaron a compensar la caída de ingresos provenientes de las escuelas, mientras que el Programa de Protección de Sueldos ayudó a los productores a conservar a sus trabajadores. De hecho, el propio huerto familiar de Bland usó fondos federales para contratar a raleadores adicionales, quienes estaban sin trabajo debido a una menor cosecha de cerezas y al coronavirus. “Gracias a ese dinero extra, fue posible decirles: ‘Sí, podemos contratarlo’”.

Las empacadoras experimentaron costos de capital considerables

Durante la primavera, Matson Fruit se comprometió públicamente a modificar el área de trabajo del área de empaque por un valor de 75,000 dólares, mientras la compañía manejaba un paro de labores. Esa cifra apenas cubre las mejoras físicas, como las barreras de plástico y las nuevas losas de hormigón para las salas de descanso al aire libre, informó Matson, pero no incluye los costos laborales adicionales para que los empleados se tomen la temperatura, limpien las superficies y monitoreen el lavado de manos. Tampoco incluye la pérdida de producción, ya que la empresa ralentizó la línea de empaque para facilitar el distanciamiento social.

En ocasiones, las preferencias de los consumidores cambiaron más rápidamente de lo que la compañía podía responder. La demanda de la fruta embolsada se disparó, causando cuellos de botella porque las empacadoras suelen tener solo un tercio de sus líneas configuradas para el embolsado, explicó Matson. 

Conseguir bolsas, mascarillas y otros suministros a cualquier precio era difícil a veces, señaló Brett Valicoff, presidente de Valicoff Fruit en Wapato, Washington. En agosto, un proveedor de fungicidas lo llamó y le informó que una planta de fabricación tuvo que cerrar durante dos semanas debido a un brote de coronavirus, lo que lo obligó a negociar para obtener un producto sustituto. 

Antes de la pandemia, Valicoff Fruit había estado comprando bolsas del extranjero con un plazo de entrega de seis semanas durante condiciones económicas normales. Con los envíos interrumpidos, Valicoff cambió a Shields Bag and Printing de Yakima a un costo más alto, agregó.

A veces, las mascarillas y el desinfectante de manos distribuidos por el estado a través de organizaciones de frutas de árboles era la única fuente disponible de estos suministros críticos, y algunos pedidos llevaban un mes de atraso. “Eso fue una ayuda enorme, el solo poder mantener a nuestros trabajadores esenciales cumpliendo su labor y haciéndolo de forma segura”, manifestó Valicoff.

Los procesadores tienen ventajas y desventajas

El sector de procesamiento de la industria ha experimentado reacciones mixtas en cuanto al mercado y sus costos.

Tree Top Inc. de Selah ha visto un modesto aumento en sus ventas. Al principio, hubo un repunte en las ventas al por menor, los consumidores compraban más productos como compota de manzana y jugo para consumir en casa, pero las cosas finalmente se nivelaron. También hubo un modesto aumento de donaciones a los distritos escolares, indicó Allison Arnett, directora de comunicaciones corporativas. 

La pandemia ha creado mano de obra adicional y otros costos operativos para Tree Top, pero esos costos han sido parcialmente compensados por una disminución en los viajes de los empleados, explicó Arnett. 

En sus siete plantas repartidas en Washington, Oregón y California, Tree Top aumentó la limpieza y las condiciones de salubridad de las zonas comunes y las superficies que se tocan con frecuencia y también se reacondicionaron las líneas de procesamiento para aumentar el distanciamiento social. En las zonas donde no se podía mantener una distancia de 2 metros (6 pies), la empresa instaló separadores de plexiglás, indicó. Es probable que algunos de los cambios se hagan permanentes, como el mayor énfasis en las teleconferencias, así como el aumento de la limpieza y el saneamiento, recalcó Arnett. 

Peterson Farms en Shelby, Michigan, suministra frutas congeladas a granel y otros productos de fruta a instituciones de servicios alimentarios y tiendas de comestibles en todo Estados Unidos y Canadá, informó Grant Boring, gerente de comunicaciones.

Las ventas de servicios de comida de la empresa han disminuido durante la pandemia, y gran parte de la reducción proviene de los distritos escolares que impartieron clases virtuales durante la crisis. Aunque muchos distritos ahora ofrecen comidas para llevar, la demanda ha caído ahora que los estudiantes no se encuentran en los edificios. Las ventas a los hospitales se han mantenido estables. Sin embargo, en las tiendas de comestibles, los compradores han estado adquiriendo productos envasados más estables como el puré de manzana y el jugo.

La compra de equipo de protección personal para los empleados ha sido uno de los principales costos en que ha incurrido la compañía en relación con la pandemia, indicó Boring.

Antes de la pandemia, Peterson Farms seguía prácticas de gestión de seguridad alimentaria que incluían el lavado de manos, las redes para el cabello y otros requisitos de higiene. Se han añadido prácticas como el distanciamiento social, las mascarillas y los turnos y descansos escalonados, explicó Amy Baker, directora de gestión de calidad y cumplimiento normativo. 

“Desde el punto de vista del cumplimiento normativo, implicó un cambio para nuestro programa, pero no un cambio enorme”, señaló. 

Muchas de las nuevas prácticas probablemente se mantendrán porque han funcionado bien, añadió Baker.

Nora Hernández trabaja en una estación de embolsado a finales de mayo en Matson Fruit en Selah, Washington, separada de sus compañeros de trabajo próximos por una barrera de plástico, una de las muchas mejoras físicas que la pandemia requirió de los empacadores de frutas de árbol. (Ross Courtney/Good Fruit Grower)
Nora Hernández trabaja en una estación de embolsado a finales de mayo en Matson Fruit en Selah, Washington, separada de sus compañeros de trabajo próximos por una barrera de plástico, una de las muchas mejoras físicas que la pandemia requirió de los empacadores de frutas de árbol. (Ross Courtney/Good Fruit Grower)

Los trabajadores agrícolas sienten el impacto económico

Los trabajadores de los huertos sintieron el impacto de la pandemia en sus bolsillos, luchando para llegar a fin de mes al verse reducidas sus horas de trabajo. Para ayudar, la Fundación UFW donó este año 5 millones de dólares en tarjetas prepagadas de asistencia a trabajadores agrícolas solo en Washington. 

La fundación, el brazo caritativo del grupo de defensa de la United Farm Workers (Unión de Trabajadores Agrícolas) con sede en California, ha estado recogiendo testimonios de los trabajadores mientras su personal y voluntarios distribuyen comidas, mascarillas y tarjetas de regalo de 500 dólares en toda la costa oeste, informó Zaira Sánchez, coordinadora de ayuda de emergencia de la región noroeste del Pacífico. 

Los trabajadores informaron haber perdido ingresos debido a la reducción de sus horas laborables cuando los almacenes necesitaban reducir su capacidad. Otros dijeron que tuvieron que tomar tiempo libre no remunerado cuando las empresas cerraron debido a un brote. 

“Está impactando las vidas de los trabajadores agrícolas”, afirmó. “También está afectando la salud mental y la dinámica familiar”. 

El personal de la Fundación UFW ayudó a Good Fruit Grower a entrevistar a algunos beneficiarios de la ayuda en Washington; todos eran trabajadores de huertos. No compartieron sus nombres ni identificaron a sus empleadores para no arriesgar sus posiciones.

Todos indicaron que enfrentaban reducciones en sus horas de trabajo, luchaban por mantenerse al día con los pagos de los servicios públicos o el alquiler desde que comenzó la pandemia y que enfrentaban aumentos en los precios del cuidado infantil, si es que lo podían encontrar. Se han adaptado a comparar comida más barata, llenar sus despensas con menos productos para colaciones y reducir actividades como picnics, visitas a los zoológicos e ir a nadar, incluso cuando podían encontrar esos lugares abiertos. Algunos pasaron el día de Acción de Gracias y el día de Navidad con una celebración pequeña o poca comida extra.

En noviembre, una mujer de 35 años y madre de seis hijos de la zona de Tri‑Cities perdió días de trabajo y sueldo debido a un resfriado común. Mientras tanto, las horas del trabajo de construcción de su marido han disminuido. Así que, este año, piensa seguir trabajando en la huerta durante el invierno. Normalmente, deja de trabajar hasta la primavera para centrarse en la vida hogareña.

La mujer informó que muchos de sus compañeros de trabajo, en su mayoría madres, tuvieron que dejar de trabajar en septiembre de este año para ayudar a sus hijos con la escuela en línea, algo que su hijo de 17 años ahora maneja. Sus supervisores han sido amables con ella y sus compañeros de trabajo, al concederles más días libres de lo habitual, sin penalizaciones, aunque no fuesen remunerados, agregó.

Afortunadamente, añadió, su familia está acostumbrada a vivir de una manera módica.

“Sé muy bien como ahorrar, así que sabemos qué hacer”, aseguró.

por Ross Courtney y Matt Milkovich


El precio de la pandemia

El Consejo de Horticultura del Noroeste utilizó las encuestas a productores y empacadoras para contabilizar los costos financieros que la pandemia ha implicado para la industria de los árboles frutales en Washington, Oregón e Idaho.

El consejo contó con la ayuda de la economista agrícola de la Universidad Estatal de Washington, Karina Gallardo, para calcular las cifras y analizar los datos.

La encuesta la respondieron los productores que representan alrededor del 22 por ciento de los terrenos del noroeste, así como empacadoras que representan el 39 por ciento de las manzanas por volumen, el 51 por ciento de las peras y el 30 por ciento de las cerezas. Las respuestas fueron anónimas. El Consejo de Horticultura tenía previsto poner en marcha encuestas de seguimiento en diciembre de 2020.

Aquí están algunos de los resultados:

—En septiembre, justo cuando la cosecha de peras comenzó a aumentar, los productores de manzanas y peras proyectaron pérdidas adicionales de 11 a 23 millones de dólares en trabajos no realizados o realizados demasiado tarde, ya sea por trabajadores enfermos o por un número reducido de trabajadores debido a las restricciones de alojamiento temporal que impedían el uso de literas. 

—En julio, una empacadora estimó un costo promedio de 83 dólares para equipar a un trabajador con el equipo de protección personal y los suministros de higiene necesarios durante la pandemia. Otro puso la cifra en 167 dólares por empleado.

—Un productor reportó gastar aproximadamente 2,000 dólares por semana para contratar dos empleados de limpieza adicionales, mientras que la mayoría de los productores pagaron a algunos trabajadores adicionales para hacer cumplir el distanciamiento social. 

—Los gerentes dedicaron entre un 15 y un 50 por ciento de su tiempo a temas relacionados con la COVID-19. El gerente de recursos humanos de una huerta pasó cerca de tres cuartas partes de su tiempo abordando estos temas. 

—Una empacadora gastó 204,000 dólares adicionales en un aumento de 1 dólar por hora como “pago de agradecimiento”.

—Algunos productores y empacadoras construyeron barreras y usaron otros métodos para facilitar el distanciamiento social. Uno reportó haber gastado unos 125,000 dólares en barreras, remodelaciones del espacio para almorzar, letreros y cinta adhesiva. 

—Un productor estimó un costo de 15,000 dólares por las habitaciones no utilizadas, solo para estar preparado para poner trabajadores en cuarentena. Otro estimó los costos adicionales de vivienda en 250 a 500 dólares por hectárea (de 100 a 200 dólares por acre).

—Una empacadora que tiene su propia clínica gastó casi 2,000 dólares en pruebas y más de 18,000 dólares en tratamientos relacionados con la COVID-19, que fueron facturados al seguro. Otros estimaron entre 25,000 y 30,000 dólares en gastos adicionales de atención médica.

—R. Courtney


La pandemia afecta las cadenas de suministro de frutas de árbol de Michigan

La pandemia por la COVID-19 causó “cambios drásticos” en la agricultura de Michigan e inició cambios abruptos en los patrones de consumo que afectaron las cadenas de suministro. Según un informe del 24 de septiembre escrito por investigadores de la Universidad Estatal de Michigan, la pandemia redujo la producción agrícola general de Michigan en un 18.6 por ciento, o más de mil millones de dólares. 

En el informe, escrito por Steven Miller, director del Centro de Análisis Económico de la MSU, y los profesores asistentes Trey Malone y K. Aleks Schaefer, se estudió la forma en que se afectaron las cadenas de suministro y se estimó el impacto económico en comparación con un año normal, indicó Miller. 

En el informe se estima que la pandemia le costó a la industria de los árboles frutales de Michigan 46 millones de dólares, una reducción del 8.4 por ciento con respecto a un año normal. Algunos productores de frutas y verduras optaron por no cosechar nada para evitar el aumento de los costos de la mano de obra y las limitaciones en la oferta de mano de obra. 

Los efectos de la pandemia fueron diferentes para cada producto básico y para cada cadena de suministro. Los productores de huertas U-pick (de “recoge tu propia fruta”) vieron un aumento masivo en la demanda, pero esa es una categoría de fruta relativamente pequeña. En las tiendas de comestibles, la demanda de arándanos frescos se mantuvo bastante fuerte. Los cierres de restaurantes y bares afectaron con bastante fuerza a algunos productos básicos, como las cerezas agrias y la sidra, explicó Malone.

“La demanda de sidra se desplomó”, agregó. “Un paquete de veinte cervezas de Busch Light se vendía muy bien, pero un paquete de seis productos artesanales no se movía”.

Los programas federales de compras agrícolas mitigaron un poco los daños, pero aún no está claro cuánto, señaló.

“Nos va a llevar mucho tiempo entender lo bien que funcionaron esos programas federales para mitigar las afectaciones de la demanda”, añadió Malone. “Mi hipótesis es que esos programas federales no resolvieron el problema de los árboles frutales”. 

Para David Smeltzer, un productor de manzanas y cerezas del condado de Manistee, la pandemia no causó una carga financiera demasiado fuerte, pero estaba frustrado y decepcionado por la forma en que se administraban las normas estatales.

La primavera pasada, al principio de la crisis, la gobernadora de Michigan estableció reglas nuevas para los campamentos de trabajo en un intento de separar a los trabajadores agrícolas tanto como fuese posible. Por suerte para Smeltzer, su campamento estaba estructurado de tal manera que no tuvo que hacer muchos cambios. A diferencia de una barraca de literas donde varios trabajadores duermen muy cerca unos de otros, él tiene unidades de vivienda separadas diseñadas para familias individuales, las cuales el inspector del campo estatal consideró “unidades de aislamiento” que no necesitaban ser modificadas. Tuvo que agregar baños portátiles adicionales, pero ese fue el único gasto verdadero relacionado con la pandemia.

“Muchos de mis vecinos tenían literas y tuvieron que hacer lo del aislamiento”, señaló. “Tuvimos suerte en ese sentido”. 

En agosto, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Michigan emitió una orden que exigía que los operadores de los campamentos de vivienda para los migrantes le hiciesen pruebas más estrictas de la COVID-19 a sus empleados. La orden surgió en respuesta a los brotes en las huertas y en las plantas de procesamiento de alimentos de Michigan.

Con el apoyo del Farm Bureau (“Instituto de Huertas”) de Michigan, Smeltzer, un productor de arándanos, y seis trabajadores agrícolas presentaron una demanda argumentando que la orden que señalaba a los trabajadores agrícolas migrantes para las pruebas violaba sus derechos civiles. La demanda fue desestimada en septiembre, pero la situación le dejó un mal sabor de boca a Smeltzer. Sentía que los trabajadores migrantes estaban siendo injustamente atacados por personas con ideas preconcebidas sobre el trabajo migratorio, que “sienten que un campamento de trabajo puede ser la fuente de todo tipo de cosas nefastas”.

“¿Por qué estamos aislando y segregando a los hispanos?”, preguntó. “Eso realmente me molesta”.

M. Milkovich