Los viñedos requieren de una extensa mano de obra cualificada, pero los trabajadores locales son cada vez más escasos. Aquí, Bob Miller cosecha uvas Merlot en un viñedo del lago Roosevelt cerca de Creston, Washington, en 2016. (Shannon Dininny/Good Fruit Grower)

*Este artículo fue publicado originalmente en la edición del 1 de junio de 2018 de Good Fruit Grower.

La diversidad de viñedos en las regiones de cultivo de uva de Nueva York solía mantener ocupadas a las cuadrillas de trabajadores agrícolas migrantes. Sin embargo, hoy en día la mano de obra calificada es escasa, y mientras que muchos de los horticultores han recurrido a la costosa garantía que proporcionan los contratos H-2A, se trata aún de un recurso poco común para los productores de uva.

El programa federal de trabajadores invitados es visto, a menudo, como algo improcedente para las fincas de menor tamaño con necesidades laborales variables. Sin embargo, los productores de uva podrían darle la vuelta a la variabilidad de sus sus necesidades laborales y convertirla en una ventaja, al compartir un contrato H-2A con otros productores de la región.

Se trata de una idea incipiente que merece consideración en las circunstancias adecuadas, dijo Richard Stup, un especialista en desarrollo de fuerza laboral agrícola para la Extensión Cooperativa de Cornell. Ahondó en ello en un estudio reciente sobre las necesidades laborales de los viñedos y las posibles soluciones.

“El H-2A es complejo y se requiere una cierta capacidad administrativa para participar en el programa. Eso es difícil para los pequeños productores”, dijo Stup a Good Fruit Grower. “Pero cuando los agricultores se reúnen y comparten esa mano de obra H-2A, por ejemplo, digamos que para cuatro productores, un miembro lleva a cabo dicha función de RH para el grupo. Recrea ese papel del contratista de trabajo, pero con mayor control”.

Los contratos, conocidos oficialmente como contratos de empleadores conjuntos, no son muy comunes, dijo Kerry Scott, director de programas de MasLabor, un contratista H-2A con sede en Virginia. Gestionan alrededor de una docena cada año, de los cientos de contratos que administran, señaló.

Los productores de uva de vino tienden a ser buenos candidatos para este acuerdo porque hay un poco más de flexibilidad en el momento de las necesidades de mano de obra, y esa flexibilidad permite un intercambio más exitoso, dijo. Por ejemplo, él recién trabajó con un grupo de tres viticultores en Virginia, ubicados a diferentes alturas a lo largo de las montañas Blue Ridge. Gracias a la topografía tan diversa, “los tiempos de maduración son tan diferentes que hacen que compartir sea miel sobre hojuelas”, dijo Scott.

Son pocos los que conocen la opción de los contratos conjuntos. Cuando escucho a los productores decir que son demasiado pequeños para emplear H-2A o que tienen huecos en su temporada, “Les digo, ‘¿Tienen algún vecino que pudiera beneficiarse del programa?,’ y ahí es que se dan cuenta”, refirió Scott.

Desde un punto de vista financiero, compartir un contrato significa dividir el costo de trabajar con un contratista como MasLabor (Scott dice que añaden $1,000 USD por empleador adicional a su tarifa básica, pero compartir aún ofrece un ahorro sustancial). Luego, pueden compartir los gastos de viaje, vivienda y gestión administrativa asociados con el contrato.

Por lo general, a los trabajadores se les asigna una finca base, tal vez seis en un viñedo y cuatro en otro, y luego los productores dividen las tarifas y los gastos 60-40, dijo Scott. Cuando se necesita más mano de obra al mismo tiempo, pueden combinar cuadrillas y cada finca puede pagar a los trabajadores por separado.

Depende de los productores determinar cómo compartir a los trabajadores, y Stup sugirió que cualquier persona interesada en un contrato conjunto debería considerar una planificación formal y una estrategia para abordar conflictos que pudieran surgir. Después de reunirse con un grupo de viticultores que han compartido un contrato H-2A durante varios años, dijo que estaba impresionado por su organización y comunicación.

“Se podrán imaginar los desafíos de comunicación sobre cómo van a mover al equipo y asignar las tareas”, dijo Stup. “Sería muy importante planificar ese itinerario de trabajo para ver si tiene sentido y si no van a tener ningún punto crítico en el que carezcan de mano de obra para satisfacer las necesidades de ambos cultivos”.

Es también posible que los productores sostengan contratos con vecinos que producen cultivos completamente diferentes. Las diversas necesidades laborales serían una ventaja, pero el inconveniente es que los productores quizá no establecieron relaciones con productores cercanos en otros cultivos.

“Podrías tener una persona que es productora de uva de vino junto a otra que tiene árboles frutales y junto a una tercera que cultiva calabazas para Halloween. “No hay nada en contra de que ellos puedan entrar en una relación conjunta mientras sea posible detallar una descripción del trabajo que explicite las tareas para todos esos cultivos”, dijo Scott.

Pero es importante recordar que una descripción amplia del trabajo escrita para satisfacer las necesidades de varias fincas significa que cada una de esas tareas está ahora sujeta a las regulaciones H-2A en todas las fincas, dijo Stup.

La clave para una buena asociación es considerarla como un proyecto empresarial común, debido a la responsabilidad conjunta de compartir el contrato, remarcaron tanto Scott como Stup.

Compartir la mano de obra también pone a los productores en riesgo de contravenir las leyes de contratistas laborales, especialmente en el estado de Washington, donde existen rigurosos requisitos y sanciones elevadas. Por ejemplo, los productores que transporten trabajadores a una finca vecina y reciban un reembolso por ese costo pueden considerarse contratistas de mano de obra y enfrentarse a multas en caso de no contar con licencia.

“Toda persona involucrada en cualquier tipo de mano de obra compartida debe consultar con un abogado si necesita cumplir con la ley de contratistas de trabajo agrícola de Washington”, dijo Brendan Monahan, un abogado laboral con sede en Yakima. Existen tantas minas específicas en estos temas laborales que recomienda asesoramiento jurídico para cualquier persona que esté considerando contratos H-2A, en conjunto o no, y para garantizar que los contratistas cuenten con licencias estatales y federales.

Sin embargo, para la mayoría de los productores que pueden mantener a una pequeña cuadrilla ocupada durante una temporada de al menos seis semanas, no hay razón para sumar la complejidad de compartir un contrato, dijo Scott.

“Hace que sea aún más necesario contar con la ayuda de alguien como nosotros. Antes era posible para los agricultores hacer este papeleo por sí mismos, pero esto ya no es así,” señaló Scott. No obstante, una vez acordado, los productores tienden a mantener su organización compartida. “Nunca he tenido a alguien que regrese y diga, ‘Esto no funciona, necesito hacerlo por mi cuenta'”.