¿Tiene giberelinas?

*Esta historia se publicó originalmente en el ejemplar de Good Fruit Grower de junio de 2019.

Es fácil sentirse abrumado por la cantidad de reguladores del crecimiento vegetal que se ofrecen en el mercado; sin embargo, cuando se trata de mejorar la calidad de la cereza, el ácido giberélico (GA3) satisface todos los aspectos: tamaño, firmeza, reducción de defectos, uniformidad del color y madurez, buen sabor y buena condición del tallo.

Byron Phillips, asesor en cultivos de Valent USA, ofreció consejos sobre las mejores prácticas para usar en cerezas la hormona, también conocida como “giberelina A3”, en el evento Cherry Fruit School, organizado por la Washington State University y la Oregon State University en marzo.

Esta tabla, que pertenece a una presentación realizada por Byron Phillips de Valent USA en el evento Cherry Fruit School, muestra las diferentes respuestas a la giberelina A3 según el momento de la aplicación. (Cortesía de Byron Phillips, Valent USA)

Las giberelinas son un grupo de hormonas vegetales que influyen en una variedad de procesos del desarrollo, como el crecimiento de los brotes, el desarrollo de la flor y la senectud. “La GA3 tiene una función particular en la división y expansión celular, la maduración, la floración y la fortaleza de la pared celular, que es lo que más les importa a los cultivadores de cerezas”, dijo Phillips.

“Si bien los reguladores del crecimiento vegetal más potentes con los que cuentan los productores de cerezas no dejan de ser las motosierras y las podadoras —dijo—, la GA3 puede usarse para retrasar la madurez, como una herramienta para gestionar la cosecha, y demuestra una mejora en los parámetros de calidad de la fruta, como la firmeza, el tamaño, los sólidos solubles, el brillo, el color del tallo y el período de conservación”.

“La GA no sustituye las buenas prácticas de cultivo y de recolección”, agregó. “Es un añadido que puede marcar la diferencia, pero uno tiene que hacer las cosas correctamente”.

Usar los reguladores del crecimiento vegetal es un arte, pero también es una ciencia, ya que su efecto depende de la variedad cultivada, del vigor, de la carga de cultivo, de las condiciones ambientales, de los tiempos, de la tasa y de la cobertura de la aplicación. Los cultivares autofértiles tienden a necesitar mayores dosis y pueden beneficiarse de las aplicaciones fraccionadas.

“Existen algunas desventajas, incluida una mayor susceptibilidad a las partiduras por lluvia —dijo Phillips—, especialmente si la lluvia tiene lugar pocos días después de la aplicación”. También parece aumentar la gravedad de dichas partiduras.

Sin embargo, habrá consecuencias si se aplica en exceso.

“Se puede reducir o retrasar la coloración roja en las cerezas amarillas en caso de exceder la dosis”, dijo. “He visto casos muy graves de sobredosis; generamos madera ciega, exterminamos las partes fructíferas en las ramas laterales”.

También puede reducir el retorno de floración, especialmente en las ramas fructíferas jóvenes, lo que, en realidad, puede ser beneficioso en algunos casos.

La respuesta que obtenga dependerá de los tiempos de aplicación y de la tasa. Phillips recomienda que se aplique al final de la etapa de endurecimiento del carozo, antes del breve período de crecimiento celular de la fruta.

“Es muy importante entender que el endurecimiento del carozo es un proceso que tiene lugar durante un período de dos a tres semanas. No es un período limitado”, dijo. A veces, el color pajizo se usa como indicador, pero no es preciso para todas las variedades, por lo que recomienda utilizar la técnica del cuchillo. “Cuando no podemos atravesar el carozo de la cereza sin cortarnos el pulgar, estamos ante el final del endurecimiento del carozo”.

Si se aplica demasiado temprano, no tendrá ningún efecto. Si se aplica tarde, puede tener algún efecto positivo sobre la firmeza, pero no más que eso, por ello Phillips no lo recomienda. Fraccionar las aplicaciones puede ser útil para algunas variedades, como la Chelan, que presenta una pruina escalonada y una madurez irregular.

La dosis —en proporción por acre, no en partes por millón— depende de la variedad y de la carga de cultivo. Los árboles con poca carga son los que mejor responden, pero también presentan el riesgo de sufrir una sobredosis. Por el otro lado, los árboles con una carga excesiva suelen responder poco.

“No hay soluciones mágicas”, dijo Phillips. “Por ejemplo, si tengo la variedad Bing sobre Mazzard, con 4-5 toneladas por acre, calculo 16 gramos por acre. Si uno tiene una carga de cultivo realmente abundante y llega hasta 10 toneladas por acre en Bing, se calculan 32 gramos por acre”.

Para conseguir una respuesta consistente, es fundamental que la cobertura sea buena, y Phillips recomienda reducir la velocidad del rociador a 2 mph o menos. En sistemas más antiguos, los rociados de dilución completa a 400 galones por acre proporcionan la mejor cobertura pero minimizan riesgos; en plantaciones más nuevas de mayor densidad, los productores pueden rociar a una razón de 80-200 galones por acre, pero esto aumenta el riesgo de los impactos de la sobredosis y reduce el retorno de la pruina.

“La cobertura es importante porque los estudios han demostrado que, en copas de árboles tipo abanico, abiertas y grandes, solo alrededor del 10 % del retardante del crecimiento vegetal (plant growth retardant, PGR) aplicado logra llegar al destino previsto a nivel celular —dijo—, y la GA3 presenta probabilidades incluso más bajas”.

“Para algo como la GA, cuyo objetivo es la fruta, y en la que no hay un traslado en el árbol, esa cifra es más próxima al 4 %”, dijo. “Ese es el motivo por el cual la cobertura es tan importante”.

La aplicación de un tanque de GA3 mezclado con calcio demostró beneficios adicionales en cuanto a la firmeza, ya que el calcio desempeña un papel muy importante en la estructura de la pared celular, pero también demostró que limitaba un poco el tamaño de la fruta. “Los surfactantes pueden ser beneficiosos para la cobertura y la absorción, pero no se debe usar nunca surfactantes a base de silicona junto con GA3”, dijo Phillips.

La temperatura óptima para la absorción es de 80°F aproximadamente, pero cualquier temperatura entre 60° y 90° también sería apropiada. “Es un error rociar por la noche”, dijo. Las condiciones de cultivo ventosas y calurosas que estresan a los árboles también reducirán la respuesta, en comparación con las temporadas de cultivo frías que retrasan la maduración.

“Recibo muchas preguntas sobre la lluvia, pero si se cuenta con un período seco de dos horas, se logra la absorción suficiente para hacer lo necesario”, dijo.

Sobre el Autor

Kate Prengaman

Kate Prengaman is an associate editor for Good Fruit Grower, writing articles for the print magazine and website. Contact her at 509-853-3518 or at kate@goodfruit.com

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