La reserva de materia orgánica del suelo se puede medir de diferentes formas. Tianna DuPont, especialista de la extensión regional de Washington State University, destacó dos durante la jornada sobre el manejo de suelos en huertas, celebrada en la huerta de investigación de la universidad llamado Sunrise, entre Quincy y Wenatchee, Washington, el pasado otoño.

El primer método mide el carbono fácilmente oxidable — principalmente carbohidratos y azúcares en el suelo que se oxidan rápidamente al reaccionar con permanganato y que son también el alimento principal de los microbios beneficiosos del suelo.

Para recoger las muestras de suelo, DuPont usó cilindros de suelo y reunió 100 muestras de las 10 pulgadas más superficiales, después mezcló ese suelo en un cubo del cual pudo extraer submuestras. (Generalmente, se recomienda recolectar 15 cilindros por cada cinco acres.)

Dupont después añadió la mitad de una cucharadita de suelo seco a una solución de 20 mililitros de permanganato de potasio; luego agitó la mezcla durante dos minutos y la dejó reposar durante 10 minutos. “Cuanto más claro sea el color, más de este carbono fácilmente oxidable existe en ese suelo, porque reacciona más con este permanganato púrpura,” dijo.

Entonces, ¿cómo podrían los agricultores mejorar los niveles de este carbono fácilmente oxidable? Alimente el suelo. Aporte insumos orgánicos tales como cultivos de plantas, material vegetal, compost, estiércol e incluso algunas enmiendas orgánicas granuladas.

“Cuando tienes más raíces, esas raíces se voltean y proporcionan más exudados: azúcares y carbohidratos. Las raíces son muy permeables. Para poder absorber los nutrientes, realmente filtran muchas cosas que se convierten en alimento para la comunidad microbiana del suelo,” señaló.

La hierba cortada de los pasillos entre hileras, los restos de poda, los mantillos y otros tipos de material vegetal proporcionan carbono. Normalmente, todos estos insumos de materia orgánica aumentan primero el carbono activo para luego, con el tiempo, incrementar la materia orgánica total, dijo DuPont.

Tom Forge, científico en la organización gubernamental Agriculture (Agricultura) y Agri-Food Canada (Agroalimentación Canadá) en Summerland, British Columbia, señaló que el mantillo de viruta de madera se descompone despacio y no alimenta a los microbios muy rápidamente. Pero añadir algo con un poco más de nitrógeno, como compost o estiércol, puede aumentar el ritmo.

La mejor apuesta, dijo DuPont, es pensar sobre qué añadimos al suelo para alimentar los microbios de inmediato, así como también acumular a largo plazo el carbono que ayudará a que se acumule la materia orgánica.

DuPont resaltó una segunda medición del carbono activo que consiste en lavar una taza de tierra a través de un tamiz con malla número 250, enjuagar con agua hasta que ésta corra limpia y capturar la materia orgánica particulada restante. Los agricultores deben examinar el tipo de materiales que permanecen, así como la cantidad de los mismos.

Los métodos antiguos para medir la materia orgánica son menos sensibles al carbono activo, y los nuevos métodos están cambiando la forma en que los investigadores estudian la salud del suelo, dijo Forge. En general, ayudan a explicar por qué ha sido difícil en el pasado detectar cambios en la materia orgánica del suelo que corresponden a cambios en prácticas hortícolas.

“Si miramos las cosas a corto plazo, podemos ahora ver estas fracciones de carbono más activo y ésto es probablemente lo que nos va a proporcionar una mejor indicación de cómo estamos realmente cambiando el sistema,” dijo. “Nos da una indicación de hacia dónde nos dirigimos.”