La Comisión de Árboles Frutales de Míchigan renueva el financiamiento de infraestructura de la MSU

Sistema de techo retráctil de la Universidad Estatal de Michigan sobre un huerto de cerezos en el Clarksville Research Center en Clarksville en abril de 2017. (Cortesía de Gregory Lang/Michigan State University)

*Esta historia se publicó originalmente en el ejemplar de Good Fruit Grower de junio de 2019.

A pesar de las dificultades económicas que enfrentan los productores de cerezos ácidos, los productores de árboles frutales de Míchigan han votado nuevamente a favor de contribuir con su propio bolsillo para la infraestructura en los huertos de investigación de la Michigan State University.

Al renovar el Programa de Desarrollo e Investigación de Árboles Frutales de Míchigan (Michigan Tree Fruit Research & Development Program), que se creó en 2014 cuando la MSU pretendía cerrar la principal estación de investigación de árboles frutales en Clarksville, los cultivadores recaudarán alrededor de $700,000 USD por año y continuarán impulsando esos fondos a través de los legisladores, combinando las donaciones en especie y las subvenciones para recaudar aún más.

En los primero cinco años, la comisión generó $5.8 millones USD, dijo el presidente Jim Nugent, productor de cerezos ácidos.

“La industria realmente merece algún reconocimiento por lo que hizo al ofrecer su ayuda cuando la necesitábamos”, dijo Doug Buhler, director de AgBioResearch en la MSU. “Se ha destinado principalmente a la infraestructura. La gran mayoría se destinó al riego, a nuevas plantaciones de huertos, a la compra de nuevos rociadores y a la mejora de muchos de estos elementos”.

La comisión se inspiró, en parte, en la donación que ofrecieron los productores del estado de Washington, aunque en Míchigan la iniciativa está estructurada como un programa de promoción e investigación con un presupuesto anual. El programa se centra principalmente en las instalaciones de fincas de investigación, que perdieron alrededor del 50 % de su dinero para operaciones durante la década anterior.

“En verdad constituyó un cambio de paradigma; ninguno de los grupos de productos básicos había hecho esto antes”, dijo Nugent. “Estamos teniendo avances importantes en nuestras estaciones de investigación para volver a ponerlas en el lugar donde siempre deberían haber estado. La plantación de árboles ha sido nuestra principal prioridad”.

El hecho de que los agricultores invirtieran su propio dinero en las instalaciones de la MSU realmente les llamó la atención a los legisladores estatales, que respondieron con una suma adicional de $2.5 millones de parte del Michigan Department of Agriculture and Rural Development. La comunidad de la industria agraria también imitó las nuevas donaciones de equipos y suministros.

Nugent también reconoce los méritos de la nueva asociación entre la industria y la MSU en el acuerdo reciente de comprar un huerto de árboles frutales cercano al Northwest Michigan Horticulture Research Center en la ciudad de Traverse, el cual ha expandido la capacidad para los experimentos claves para el control de la drosófila de alas manchadas.

La compra fue posible gracias a que se utilizó una subvención para la fundación industrial a la que pertenece el centro y dinero de la MSU.

La comisión funciona sobre la base de un presupuesto ajustado y recibe ayuda financiera y administrativa de parte del Comité de Manzanas de Míchigan (Michigan Apple Committee), del Comité de Cerezas de Míchigan (Michigan Cherry Committee), de la Sociedad Hortícola del Estado de Míchigan (Michigan State Horticultural Society) y de la División de Cultivadores Procesadores de Manzanas de Míchigan (Michigan Processing Apple Growers).

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Sobre el Autor

Kate Prengaman

Kate Prengaman is an associate editor for Good Fruit Grower, writing articles for the print magazine and website. Contact her at 509-853-3518 or at kate@goodfruit.com

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